De Hoorn a Kaap Hoorn

feb 10

Despacho #19

Publicado a las 22:52
Despacho creado desde web
Desde nuestro último reporte, “mucha agua ha pasado bajo la quilla”, como suelen decir los navegantes. Pero no sólo ha corrido agua bajo la chapa de nuestra goleta. También ha sido mucha agua que ha pasado bajo el puente de nuestras vidas. ya que este largo período de silencio en nuestra página de seguimiento ha estado lleno de acontecimientos extraordinarios.

En 30 de octubre escribí esto en mi página de Facebook:

“A las 12:29 de hoy, me alumbró mi hija. Fue concebida en altamar, entre cientos de tortugas, cuando perdíamos de vista el gran desierto africano. Cruzó el Atlántico en el vientre de su madre, meciéndose entre la espuma y la bóveda estrellada. Ahora navego en tus ojos, mi amada hija marina.”

Cinco meses antes del nacimiento de Marina, suspendimos el viaje a Cabo de Hornos, para viajar a Santiago, a preparar todo para la llegada de nuestra hija.

La goleta quedaba solitaria en Cabedelo, amarrada en la Marina del Capitán Phillip en Jacaré, a la espera de un nuevo capítulo en el viaje a la extremidad austral de América.

Regresaba a Chile vía Salvador de Bahía, luego de nueves meses de vida de marinero. Lo primero que hice con Fabiola al llegar a Santiago, fue ir al Lomit´s de Pedro de Valdivia con Providencia, a disfrutar de lo mejor y lo más auténtico de nuestra gastronomía: los mega sándwich. Frente a mi, por fin el soñado “gran chacarero” en pan frica… mmmm. Luego vendrían largas semanas para estar con nuestros familiares y amigos.

Durante mi estadía en Chile, por supuesto aproveché de disfrutar todo lo que pude de la temporada de nieve en la cordillera de Santiago, y de viajar a Magallanes y a mi casa en Puerto Williams en cinco ocasiones, donde realicé algunas actividades de montaña, el apoyo de una expedición austriaca en Canal Gabriel (Tierra del Fuego), y un reconocimiento de la zona circundante del Monte Sarmiento, que finalmente terminó en un intento por alcanzar su cumbre oeste, junto a Mario Sepúlveda y Uber Quirilao, en el marco de la expedición Cordarwin13, tentativa que nos dejó a unos 500 metros del objetivo, justo antes del punto en que la montaña comienza a mostrar su mayor dificultad técnica. Si bien no alcanzamos la cumbre, conseguimos hacer una completa exploración y registro en fotos y waypoints de la ruta de acceso al "collado Norte", incluyendo la ruta de aproximación al glaciar Conway desde el mar, pasando por el flanco sur del glaciar Schiapparelli, y el cruce de un campo de grietas en la parte alta del Conway, bajo la cota 1200. Este levantamiento nos sirvió para ayudar a Camilo Rada, Natalia Martínez e Inés Dussaillant, también miembros de Cordarwin13, a lograr un rápido acceso a la cumbre del Sarmiento, hito histórico para el montañismo en Cordillera Darwin, que se consiguió un mes después de que terminara nuestra actividad en el área. La logística marítima entregada por Gonzalo Campos, y un detallado registro fotográfico de la montaña conseguido por el mismo Gonzalo y Marcelo Arévalo durante un sobrevuelo de la montaña al comienzo de la expedición Cordarwin13, completan el formidable soporte de logística e información, que dieron empuje a Camilo, inés y Natalia en el camino hacia la cumbre del Sarmiento. Una extraordinaria ventana de buen tiempo, más la tenacidad, inteligencia y destreza técnica de estos escaladores, terminaron por alinear los astros para que esta esquiva cumbre lograra ser alcanzada luego de medio siglo de intentos fallidos. Por nuestra parte, esperamos regresar en un futuro cercano al Sarmiento, para completar el ascenso a su cumbre Oeste, esta vez con el apoyo de nuestra poderosa goleta. (o al menos, para conocer la montaña, ya que durante tres semanas en la zona, no tuvimos oportunidad de ver su cumbre, siempre cubierta por nubes)... pero bueno, eso es harina de otro costal… en qué estaba? Me fui por las ramas…

Ah!, luego del nacimiento de mi hija, comenzaron los preparativos para continuar con nuestra travesía oceánica, suspendida no sólo por la llegada de Marina, por lejos el acontecimiento más importante de mi vida, sino que también porque a la fecha de nuestra llegada a Brasil, los vientos predominantes soplaban desde el sur, en contra del rumbo hacia el que teníamos que navegar. Por el contrario, ahora en diciembre, las condiciones estaban perfectas, con un predominio casi absoluto de vientos y corrientes favorables.

Ahora el yate se encontraba en Recife, ya que durante la espera del nacimiento de Marina, había regresado a Joao Pessoa por diez días en compañía de Mauricio Retamales, Pedro Niada y Marcelo Miranda, con quienes conseguí avanzar sólo hasta Recife, luego de una complicada singladura a motor, con viento en contra.

El 26 de diciembre zarpamos de Recife, luego de alistar rápidamente la goleta. Dejando atrás el molo de abrigo, y pasando entre los arrecifes que dan nombre a esa ciudad, una de las más grandes de Brasil, pusimos proa al sureste, hacia mar abierto, rumbo que mantuvimos hasta alejarnos a más de 300 kilómetros de la costa. En ese punto caímos a estribor, trazando una ruta paralela a la costa. A esa distancia de la costa estábamos lejos de peligros tales como barcos pesqueros, redes, buques mercantes, piratas, y de costas a sotavento.

Luego de 12 días de navegación, siempre con viento favorable, llegamos sólo impulsados por las velas hasta el mismísimo Iate Club de Búzios, sin usar el motor en ningún momento. Antes de llegar a ese lugar, pasamos por el centro del complejo petrolero de “Bacia de Campos”, dejando por ambas bandas las colosales plataformas de petróleo de Petrobras, que parecían sacadas de alguna película de ciencia ficción, mezcla de “Water World” y “Mad Max”.

Durante varias jornadas, el viento estuvo por debajo de los 10 nudos, lo que no fue impedimento para conseguir un buen andar gracias nuestro orgulloso y multicolor “spinnaker”, una inmensa vela de proa con forma de paracaídas.
Zarpando de Búzios, pusimos proa al sur. Estando a unos 200 kilómetros de la costa, corregimos el rumbo en dirección al suroeste, para navegar nuevamente en paralelo a la costa. Pasando frente a Río Grande do Sul, recibimos por el teléfono satelital el meteo que a diario nos confeccionaba y enviaba Fabiola Torres desde Santiago. En él se anunciaba un fuerte temporal de viento sur, sobre la boca del Río de la Plata. Ese mismo día, la goleta se llenó de libélulas, mosquitos, y mariposas de formas extrañísimas. ¿Cómo pudieron llegar hasta nuestro barco, que se encontraba a más de 200 kilómetros de la costa más cercana? ¿alguna corriente de viento los habrá sacado de su hogar en la “Mata Atlántica”, para traerlos por los cielos hasta nuestra cubierta?

El anuncio de un temporal nos llevó a buscar en la carta (mapa) el puerto más cercano dentro del rumbo que llevábamos. Ese puerto resulto ser, para nuestra felicidad, la pintoresca localidad de La Paloma, en la costa Este de Uruguay.

Al anochecer, cayó la noche más oscura dentro de todas las que tuvimos a lo largo de los 14.000 kilómetros navegados desde Hoorn. El peso de la noche se volvió aplastante a media noche, cuando el viento bajó a cero nudos. La goleta flotaba a la deriva, meciéndose suavemente con aspecto fantasmal. El mar y el cielo parecían fundirse en la espesa oscuridad. La sensación era próxima a la de estar en ninguna parte. Mientras contemplábamos, o más bien sentíamos en silencio esa quietud espectral, la calma y la oscuridad se quebraron de golpe con una sucesión de rayos y truenos que cayeron en torno nuestro. Unos minutos después, nos tomaba por sorpresa un viento huracanado, que nos escoró violentamente.

A la jornada siguiente, navegamos contra el tiempo, con vela y motor, hasta el puerto de La Paloma, donde atracamos a medianoche, pocas horas antes de que entrara el anunciado frente de mal tiempo, que finalmente duraría 18 horas, y que fue de tal violencia, que dejó varios poblados sin electricidad en la costa de Uruguay, y una gran cantidad de daños por los árboles caídos.
Al tercer día, zarpamos de La Paloma, y pasando frente a Punta del Este, Piriápolis y Montevideo, entramos al Río de la Plata, dejando por la banda de estribor las boyas que demarcan el canal para buques de gran calado. Al amanecer del 29 de enero, distinguimos en el horizonte el perfil de los edificios del centro de Buenos Aires. Un par de horas más tarde entrábamos en la dársena del Yacht Club Argentino (YCA) de Puerto Madero, en el centro de la ciudad.

Después de permanecer amarrados en ese lugar por 10 días, nos cambiamos al YCA de San Fernando, ubicado sobre la desembocadura del río Luján, al norte de Buenos Aires, donde hicimos una aventurada entrada de noche, con más de 30 nudos de viento y con el puerto cerrado.

En este lugar estamos realizando junto a Claudio Scaletta, mi viejo compañero de expediciones y tripulante desde Recife, algunos trabajos en el yate, esenciales para la etapa que nos falta: cambio de jarcia fija, construcción de una catalina para dos anclas de 50 kilos cada una, cambio de baterías, mantenimiento del bow truster, molinete, etc.

Tan pronto terminemos con estos trabajos, daremos inicio a la última y una de las más difíciles y bellas etapas de esta travesía: la que nos llevará de Buenos Aires a Puerto Williams por la costa patagónica. Esperamos llegar a Chile durante los primeros días de marzo.

La estrategia de navegación será básicamente la de navegar a unas 40 millas de la costa, en paralelo a la línea de los puntos más prominentes. Debemos evitar alejarnos mucho de la costa, para evitar la corriente de Malvinas que corre en sentido opuesto a nuestra navegación, es decir, de sur a norte, y para ganar barlovento, ya que el viento proviene por regla general de la costa. El mar Argentino ofrece pocos puertos, y no es improbable que debamos enfrentar condiciones de mar muy duras, para lo cual debemos zarpar con la embarcación en condiciones óptimas, y contando con una completa información de cada uno de los escasos sitios de refugio.

Un fuerte abrazo para todos los familiares y amigos que nos siguen por este blog, en especial para Fabiola y Marina que a esta hora deben estar paseando por la playa de Papudo. También para mi madre que estuvo de cumpleaños esta semana, y para mis hermanos patiperros: Bárbara en el Ojos del Salado, Paloma maltratánose en el sudeste asiático, David quemando sus pestañas en Europa, y Pablo sumergido en las estructuras a veces no tan lógicas de nuestra añosa ley civil.

Les dejo acá abajo algunas fotos del tramo Cabedelo - Buenos Aires, con algunas de nuestro paso por Salvador de Bahía, en camino a Santiago. También algunas que no corresponden propiamente a esta travesía, pero que ilustran algunos temas tratados en este reporte: dos fotos de Darwin, y una de Marina.

El álbum completo de fotos desde Holanda a Buenos Aires puede verse acá:

AQUI
  • Nombre: Buenos Aires
  • Elevación: 0 m
  • Latitud: 34° 3543Sur
  • Longitud: 58° 2138Oeste

Comentarios


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    2014-03-13 13:13:06 Ursula dijo: Que tengan buenos vientos, no demasiado, para llegar a Williams, estaremos atentos y ansiosos... cuida a mi Tin.
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    2014-02-26 10:21:08 David Donoso dijo: Increíble compadre, que bueno retomar tus relatos. Un Abrazo!
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    2014-02-17 03:57:58 Daniel Saldias - Midas dijo: Una abrazo siempre atento a la emoción de sus relatos.


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